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22
noviembre

¡Por fin mi viaje a Madagascar!

Llevaba mucho tiempo con el plan de ir a Madagascar desde que mis amigos de la asociación Ay Raiky Tsika me ofrecieron la posibilidad hace unos años de viajar con ellos y colaborar en la escuela que habían montado en Morondava. Al final no pudo ser, pero la espera mereció la pena, porque este verano estos amigos han decidido casarse allí y familiares y amigos nos hemos ido a pasar unas semanas por la isla y hemos aprovechado para recorrer parte del país.

Madagascar es un lugar increíble, por su naturaleza, por sus paisajes y por su gente, pero la posibilidad de recorrerlo con la familia y amigos de Bianco y Toñi, ha sido un regalo y una experiencia inigualable. Sin duda, uno de los viajes de mi vida.

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Boda en Morondava

Como suelo hacer en mis viajes, antes de ir me gusta ver alguna película o leer algún libro sobre el destino para ir preparándome. Esta vez tocó leer ‘Misión de rescate en Madagascar’, del naturalista Gerald Durrell, donde narra sus aventuras en busca del aye aye y otros animales en peligro de extinción, a la vez que describe los paisajes, tradiciones y supersticiones de la gente del país. Os dejo un extracto del comienzo del libro que me encantó y me pareció muy entrañable la forma en que describe al aye aye:

“En medio de la oscuridad vino hacia mí a través de las ramas, con sus brillantes ojos redondos e hipnóticos, sus orejas en forma de cuchara moviéndose en todas direcciones como antenas parabólicas, sus bigotes blancos tanteando el aire con estremecimientos de detector; sus manos negras, de dedos muy delgados, el tercero prodigiosamente alargado, golpeando levemente las ramas a medida que avanzaba, como las de un pianista que ejecutara un fragmento complicado de Chopin. Parecía el gato negro de una bruja de Walt Disney con un toque de E.T. Si algún día los marcianos llegan a la tierra, la criatura que salga de su platillo volante se parecerá a él. Era la encarnación del Jabberwocky de Lewis Carrol, «que surge hedoroso del bosque turgal».

Se posó en mi hombro, me inspeccionó la cara con sus enormes ojos hipnóticos y pasó sus finos dedos por mi barba y el pelo con la delicadeza de un barbero. De su mandíbula entreabierta asomaban gigantescas palas biseladas, sus incisivos que crecían continuamente, y yo no hice el menor gesto. Él profirió un minúsculo resoplido —«humpf»— y saltó sobre mis rodillas, donde enseguida se puso a examinar mi bastón. Como un flautista, hizo correr sus dedos negros de un extremo a otro de la caña. Luego se inclinó, y, con terrible precisión, de dos mordiscos certeros, la partió o casi. Despechado al no encontrar las larvas deseadas, se encaramó de nuevo sobre mi hombro. Sentí sus manitas hundirse en mi barba y mis cabellos, ligeras como un soplo de aire.

De pronto, ante mi consternación, descubrió mi oreja. «Aquí» pareció decirse, «debe de esconderse una larva de escarabajo de proporciones gigantescas y suculenta en grado máximo». Acarició el pabellón de mi oreja como un gastrónomo acaricia la hoja de un menú. Después, tomando toda clase de precauciones, introdujo el más pequeño de sus dedos. Me resigné a quedarme sordo —hazme un sitio, Beethoven, me dije, que ahora llego yo—. Pero, para mi sorpresa, no sentí prácticamente nada. No era un dedo, sino una sonda que exploraba las profundidades de mi conducto auditivo, en busca de exquisitos manjares. Al no encontrar las larvas sabrosas y perfumadas que esperaba, profirió un segundo «humpf» de irritación y regresó a las ramas.

Acababa de tener mi primer encuentro con un ayeaye, y decidí que de todas las criaturas que había tenido el privilegio de conocer, era la más increíble. ¿El ayeaye estaba en peligro? Pues bien, podía contar con nuestra ayuda. Que un ser tan sorprendente, tan complejo, pudiese desaparecer, ser eliminado de la superficie del planeta, era algo tan impensable como quemar un Rembrandt, transformar la Capilla Sixtina en discoteca, o derribar la Acrópolis para en su lugar edificar un Hilton. Sin embargo, esta extraña criatura, que en la isla de Madagascar ha adquirido un estatuto casi mítico, está en vías de extinción. Es un animal mágico, no sólo desde el punto de vista biológico, sino para el pueblo malgache entre el que vive y, desgraciadamente, muere”.

Esto describe perfectamente lo que es Madagascar, su flora y su fauna, una isla poblada de curiosos animales que sorprende a cualquier tipo de viajero. Yo no tuve la suerte de ver un aye aye, pero sí otros tipos de lémures y tengo que decir que me fascinó recorrer las junglas mirando hacia el cielo esperando a que algún lémur apareciese saltando entre las copas de los árboles.

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Lémur de cola anillada o maki de cola anillada (Lémur catta)

Datos generales de Madagascar

La República de Madagascar se encuentra en una isla en pleno océano Índico frente a la costa de Mozambique. El gentilicio del país es malgache y las lenguas oficiales son malgache y francés, pero esta última no es hablada por toda la población, especialmente la más pobre, por eso había mucha gente con la que no pudimos comunicarnos (verbalmente, porque el lenguaje del cuerpo es universal ¿no?).

Algunas palabras básicas en malgache “estándar” son salama (hola), misaotra (gracias), mananwa (qué tal), placgasy (plan malagasy, o sea, hacer algo a la malgcahe), mafana (hace calor), vazaha (de raza blanca), mora mora (tranquilamente), ¡ah!, la o se pronuncia /u/ así que “tranquilamente” sonaría /muramura/.

Hablando de pobreza, este país insular es uno de los más pobres del planeta, de hecho, en su capital, Antananarivo, era muy frecuente ver, al caer la noche, familias enteras alrededor de una hoguera hecha de restos de la basura, que pasarían la noche al raso. Dejo esta foto porque quiero que se vea la realidad de Madagascar.

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Familia en la calle

Esto es muy grave, máxime cuando se trata de un país con una gran riqueza de recursos, como el cacao, café, las maderas (palisandro, ébano, baobabs y otras como la madera rosa). Esto mismo te lo dicen sus habitantes, la lástima que sienten al ver la pobreza de su país sabiendo la riqueza con que cuentan al mismo tiempo. A pesar de esto, no se ve mucha gente mendigando, sino trabajando, gente de todas las edades, niños, ancianos, todo el día trabajando, de sol a sol, niños trabajando en los hornos de ladrillos, tirando de carros, en los arrozales, mujeres lavando la ropa en los ríos y secándola en piedras o arbustos, etc., parecen trabajos de la Edad Media.

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Lavando y secando la ropa

La gente viste con cualquier cosa, un trapo encima de otro, no es ropa tradicional, nada de lambahoany o telas africanas, mucho chándal y mucha sudadera, sobre todo por la zona de la capital y la franja central del país. Y algo que nos llama la atención es la arcilla que usan para protegerse la piel del sol o bien para decorar sus caras.

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Mujeres con arcilla decorando sus caras

La moneda es el ariary. Antes tuvieron el franco y por esta razón, a muchos malgaches les cuesta hablar en ariarys y prefieren decir el precio de las cosas en francos, es importante que os aseguréis si el precio os lo están dando en francos o ariarys, si es en francos, hay que dividir entre cinco para saber la cantidad en ariarys. De hecho, en los billetes antiguos aún se puede ver el equivalente en francos en letra pequeña, y es curioso porque a muchos de ellos les cuesta el cambio que hubo del franco al ariary.

Algo parecido pasó en España cuando pasamos de la peseta al euro, algunas personas mayores (y no tan mayores) necesitaban la conversión. Incluso ahora hay ciertas cantidades que las entendemos mejor en pesetas que en euros. Me encantó el billete de 100 ariarys que tiene dibujado un árbol del viajero, árbol que descubrí en este país y símbolo del mismo. Qué bonito ¿verdad?

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Árbol del viajero

El malgache es muy de creencias, tradiciones, supersticiones y discursos. Esto me hizo mucha gracia. Cuando los visitas en casa o en su aldea, al despedirse, el cabeza de familia o jefe, le gusta dedicar unas palabras a sus invitados.

Todas estas cosas las sé porque las semanas que pasé en Madagascar lo hice acompañada de malgaches. Así que me fueron interpretando todo lo que veía y todo lo que pasaba, y hubo muchas noches alrededor de una cerveza THB o un ron Dzama autóctono y riquísimo, en las que charlábamos largo y tendido sobre nuestros países.

La verdad que Enrique y yo tuvimos una suerte enorme de pasar esos días con Sócrates y Niela, familiares de mi amigo Bianco, que nos llevaron por todas partes y nos contaron todo todito.

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Noches malgaches con una cerveza THB

Nos decían que los tres males de su país, por orden, eran la pobreza, la corrupción y la seguridad. Nos hablan del gobierno y lo corrupto que es, robando los principales recursos del país (oro, diamantes, bois de rose, etc.) y prohibiendo su exportación a cualquier empresa. Y la seguridad, otro de los grandes problemas.

Durante el día no pasa nada, pero al caer la noche, los extranjeros debemos ir acompañados e incluso evitar pasear por determinados sitios. Tenedlo muy en cuenta si vais a Madagascar. El hambre es muy mala y podéis poneros en peligro. Nuestros amigos Niela y Sócrates, malgaches, preferían ir en coche por las noches a los sitios en lugar de pasear por la calle. No en todos sitios es así, pero por si acaso, preguntad siempre a los lugareños y pedid consejo. ¡Ah!, en la capital, nada de móviles por la calle…

Nos cuentan también que el salario medio es de 39 euros al mes y que una familia normal no se puede permitir comprar un kilo de arroz o de café, sino que tiene que comprar al momento, justo lo que vaya a consumir y nos remarca que no está hablando de sacos, sino de un simple kilo. La gasolina tiene el mismo precio que en España, por ejemplo. ¿Cómo pagarlo?, así que tener un coche es un artículo de lujo. Y la sanidad no es pública, solo van al médico si es realmente grave y en muchos casos, ya es demasiado tarde. Y como la gente es analfabeta, se les puede engañar como se quiera, siendo muy difícil un cambio de mentalidad, un pensamiento crítico, etc.

Cómo llegar a Madagascar

Comprar el vuelo a la isla va a ser la parte más cara del viaje. En mi caso volé de Málaga a Antananarivo vía Estambul con Turkish Airlines, un vuelo largo, caro, pero que mereció la pena. En la ida hicimos una pequeña escala (permanecimos en el avión) en Mauricio, razón por la que muchos viajeros optan por hacer una escala más prolongada en la ida o en la vuelta para pasar unos días en esta otra isla. Existe también esta opción en Seychelles y la Reunión, así que tenedlo en cuenta por si os apetece en vuestro futuro viaje a Madagascar hacer una parada en el camino.

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Mauricio desde el avión

La llegada al aeropuerto estresa a algunos viajeros, porque hay cierto caos en los trámites de entrada, todo el mundo te quiere ayudar y cobrar por ello, hay quien te intenta engañar o simplemente, hay largas esperas para hacer cualquier cosa, rellenar un papel, coger las maletas, etc., pero yendo con un poco de paciencia, no tiene por qué pasar nada.

Moverse por la isla

Normalmente los viajeros eligen los desplazamientos por carretera, aunque también existe la posibilidad de ir en avión de un lugar a otro en la isla, pero no lo recomiendan. Es muy caro y suele ir acompañado de considerables retrasos e incluso cancelaciones.

En cuanto al alquiler de vehículos, es muy difícil conseguir alquilar un vehículo propio sin conductor, por lo que la mejor opción si se quiere coche propio, es contratar un chófer, previa negociación. Esto es muy importante, para evitar malentendidos, dejar muy claro qué está incluido, combustible, alojamiento y manutención del chófer, etc., (es costumbre en Madagascar que alojamientos y restaurantes den gratis el servicio al chófer, tenedlo en cuenta). En cuanto al precio del combustible, es caro, como en España y como curiosidad, os diré que repostan con el motor encendido.

En el momento de llegar a un acuerdo con el chófer, yo lo haría por escrito firmando las dos partes, menos problemas al final. Hay que tener en cuenta que Madagascar al ser un país tan pobre, cuando ven un extranjero solo piensan en dinero, es normal. Entonces en algunas ocasiones van a intentar sacar el máximo posible y debemos estar alerta. Nosotros tuvimos un problema con una excursión que hicimos en un hotel donde nos alojamos y después de una fuerte discusión con el recepcionista, conseguimos no pagar algo, pero se aprovecharon de nosotros y por eso os aconsejo que todo quede siempre por escrito, que después vienen las sorpresas. Y ojo, con esto no estoy criticando al pueblo malgache, en absoluto, solo diciendo, que hay, como en todas partes, quien se aprovecha del extranjero, lo engaña y le saca todo lo que puede.

Otra forma de desplazarse en carretera es en bus público, que no de línea, conocido como taxi-brousse, son furgonetas que recorren el país entero. Los hay de varios tipos, los más baratos en los que viaja la gente menos pudiente y van hacinados aunque esté prohibido, y los “un poco menos baratos pero baratos”, que cuentan con doce plazas aproximadamente y hasta tienen wifi.

Eso sí, se viaje en taxi-brousse o en coche propio, agárrense porque vienen curvas, las carreteras en Madagascar suelen estar en muy mal estado, no hay autopistas y en cualquier carretera puedes encontrarte aparte de los tradicionales coches y camiones, carros tirados por cebúes o personas. Por lo tanto, los desplazamientos son tremendamente lentos. Por ejemplo, de la capital a Morondava, uno de los destinos más visitados, estas son las distancias:

  • Tana-Antsirabe: 168 km, 3 horas 40 minutos
  • Antsirabe-Miandrivazo: 221 km, 3 horas 45 minutos
  • Miandrivazo-Malaimbandy: 112 kim, 1 hora 30 minutos
  • Malaimbandy-Ankilizato: 65 km, 1 hora
  • Ankilizato-Mahabo: 46 km, 40 minutos
  • Mahabo-Morondava: 45 km, 35 minutos

Así que paciencia, háganse de un reposacabezas cómodo, buena música malgache, alguna paradita en el camino en los lugares de paso para comprar un aperitivo (samos, maní o plátanos) y a disfrutar del espectáculo del paisaje y de sus gentes, que es puro espectáculo, los puestos de comida, el puesto del carnicero, el bullicio de las ciudades, los arrozales, los hornos de ladrillos por todas partes, los cebúes tirando de carros en plena capital del país, la gente cargándolo todo en sus cabezas…

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El atardecer en Tana

Dentro de las ciudades, tanto residentes como visitantes se mueven también en pousse pousse, unos carros pequeños tirados por hombres corriendo o en bici. Cobran muy poco por un trayecto, por supuesto hay que negociar previamente. Os dejo unas fotos con algunos ejemplos de pousse pousse para que os hagáis una idea.

Hay quien piensa que es denigrante, yo tampoco lo veo así, es que si nos ponemos así hay muchas cosas denigrantes en este país, las largas jornadas de trabajo, que trabajen niños y ancianos, los salarios tan bajísimos, es que el país necesita un profundo cambio para salir adelante, por eso mis amigos que se casaron, hace unos años comenzaron su proyecto personal que os comentaba al comienzo del post, la asociación Ay Raiky Tsika con la que levantaron una primera escuela en la aldea de Ankidafito cerca de Morondava, donde solo sabía firmar y contar el jefe de la tribu. En la educación está el cambio, hay que trabajar con los más pequeños para lograr un futuro más justo en Madagascar. Os contaré más sobre este proyecto en el post de diciembre, donde explico con detalle en qué consiste el proyecto y la visita que hicimos a Ankidafito durante nuestra estancia en Madagascar.

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En la escuela de Ankidafito con la asociación Ay Raiky Tsika

La música malgache

A los malgaches, como buenos africanos, les gusta mucho la música y bailar, así que en nuestro viaje hemos disfrutado un montón de momentos musicales divertidísimos. Algunas canciones que sonaban con frecuencia eran Jtm bb de Black Nadia ft Bartez, Magneva de Arnaah y la súper canción del verano Mafana, que en malgache significa, “hace calor”. Os dejo el vídeo de Jtm bb de Black Nadia ft Bartez para que veáis qué bailes se pega esta gente.

También hemos descubierto a un músico de Morondava que se llama Tsiliva, la canción Oui oui es muy chula si queréis escucharla. Y por supuesto, si hablo de la música en Madagascar tengo que nombrar a Kilema, malgache residente en nuestra Córdoba (lejana y sola…), que se está recorriendo el mundo dando a conocer la música y cultura de su país. A Kilema le encanta probar con todo tipo de instrumentos, como la famosa valiha, un instrumento de cuerda hecho de bambú. En 2014 fuimos a Torre del Mar a un concierto de Kilema, nos encantó.

Comida y bebidas malgaches

Los malgaches acompañan todo con arroz, comen arroz tres veces al día y si no lo hacen se quedan con hambre y es como si no hubiesen comido.
Hay que probar los sambos, son como las samosas, empanadillas rellenas de verdura y a veces carne con cilantro; koba, un dulce hecho de banana y maní al horno que se envuelve en hoja de banana; godro godro, dulce de arroz, caramelo, canela, coco y vainilla típico de Morondava; mofo menakely (pequeño donut); masikita (brocheta de carne); mokari, bolas de masa frita aplastadas, hechas de queso y a veces de coco.

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Vendedor de koba

Cuando se vaya a pedir una bebida, nos encontraremos con las letras PM y GM que significa petit model y grand model, o sea, se refiere al tamaño de lo que se pide, en el caso de la cerveza si es de 33 o 66 cl o el yogur grande o pequeño. La cerveza que se encuentra por todas partes es la THB (Three Horses Beer) que se hace en Antsirabe.

Compras en Madagascar

Si os queréis llevar un buen recuerdo, hay mucho que comprar en este país. Empecemos con la artesanía, baobabs de palisandro, de madera rosa o de ébano, cestas de mimbre, máscaras, cubiertos y pulsera de cuerno de cebú, ollas de aluminio de Ambatolampi, instrumentos musicales de percusión y cuerda como los valiha, etc.

Si sois de comprar comidas y bebidas, podéis probar el caca pigeon (snack salado a veces dulce, consistente en palitos de masa crujiente), maní, té (la marca TAF está bien), café, chocolate, vainilla, té de vainilla, salsa picante, hierbas medicinales que aquí hay puestos en el mercado donde encontrarlas porque es lo que suelen usar ellos al no tener acceso a medicamentos, ron Dzama u otro del país, muy bien de precio y riquísimo (y no otras bebidas espirituosas que sí son carísimas).

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Un aperitivo de ron Dzama y caca pigeons en el parque de Ranomafana

Visitas en Madagascar

Ambatolampy, conocido por sus hornos de aluminio donde hacen todas las ollas y otro menaje de cocina del país. Allí nos alojamos a las afueras en el hotel restaurante La Pineta, está muy bien, muy rural, y la cocina muy rica. Los hornos de aluminio se pueden visitar, se ve todo el proceso, desde el despiece de motores de coche para extraer el mineral, su fundición y cómo se da forma a las ollas. Es muy muy interesante.

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Fundición de aluminio en Ambatolampy

Fianarantsoa, lugar donde alojarse para visitar el parque de Ranomafana. Allí muchos turistas se alojan en el Tsara Guest, muy europeo de estilo colonial, cocina buena, está muy bien, pero cuidado con las excursiones que os venden que son un poco timo. Nosotros fuimos a una de dos días de trekking por el parque de Ranomafana en la que pasábamos la noche en tienda de campaña (un frío…), tuvo su encanto, llegar al campamento, comer las cosas tan ricas que nos coció el guía y dos amigos suyos que estaban esperándonos allí, pasar la noche con ellos bebiendo ron y comiendo caca pigeons, escuchando los ruidos de la naturaleza, pero ya os digo que hace un frío importante y llueve mucho así que hay que ir preparados.

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Preparando la cena en el campamento de Ranomafana

Allí se pueden ver lémures diurnos y nocturnos. Id con chubasquero y alguna muda. En cuanto a la duración, uno, dos o tres días depende del tiempo que tengáis, con uno sería suficiente y los guías se pueden contratar en la misma entrada del parque, así funciona casi siempre en Madagascar, por eso no os preocupéis. Lo importante es elegir un guía que hable bien el idioma y que se vea con ganas de explicar, porque los hay que no cuentan mucho y los hay que lo hacen muy bien.

En Fianarantsoa se puede pasear hasta la parte alta de la ciudad y disfrutar de las vistas, luego ir al mercado para comprar fruta, verdura, pescado o ropa y terminar el día tomando una cerveza en el karaoke, y es que a los malgaches les encanta el karaoke. Por cierto al lado del hotel Tsara Guest hay unas cocheras donde dentro hay un restaurante de cocina local que se come bien y a buen precio.

Ambalavao. Desde Fianarantsoa se puede ir hacia el sur para visitar el Sitio de Ecoturismo de Anja para ver más lémures, cerca de Ambalavao (aquí esta el mercado mas grande de cebúes del país). Además se puede hacer un poco de senderismo por cuevas y montañas y se pueden tener vistas como estas.

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Con nuestros amigos en el Sitio de Ecoturismo de Anja

Ambositra, conocido por su barro y artesanía. El hotel y restaurante La Piscine está muy bien, buenos precios, cabañitas, etc. En las tiendas de la ciudad se pueden comprar instrumentos a muy buen precio. Nosotros compramos flautas preciosas y valihas, pero antes fuimos a desayunar a la malagasy, o sea, al estilo de ellos, café con un plato de gachas de arroz con verdura y salchicha.

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Local de comida malgache

Antsirabe. Este suele ser un lugar de paso, para hacer una parada en los largos desplazamientos por el país. Allí se puede visitar un taller de artesanía de cuernos de cebú, tranquilos que una vez el animal está muerto, se utilizan sus huesos para hacer vasos, cubiertos, decoración, pulseras, etc., si no no estaría ni hablando de esto en el blog. Os recomiendo la visita porque es muy interesante ver cómo de un cuerno se hace lo que se hace, la transformación es sorprendente. Nos alojamos en hotel Hasina. Hay un sitio curioso para ir, el centro termal de Antsirabe, donde te puedes bañar y dar un masaje o recibir otros tratamientos. Es donde van los locales, así que el sitio merece la pena si os gusta mezclaros con la gente del lugar.

Antananarivo, la capital, a la que ellos llaman Tana. No es una ciudad bonita, para qué vamos a engañarnos, en vuestro viaje a Madagascar no planeéis pasar días aquí, con uno basta. Yo me alojé en hotel Kartala que tiene su encanto y está cerca del mercado y de las avenidas principales, como la de la Independencia, donde comimos en el Hotel Glacier, comida malgache, lugar limpio y precios normales. También hacen cabaret y espectáculos nocturnos, recomiendan mirar la agenda en el periódico por si se quiere planificar algo. Aunque no sea el lugar que más me gustó del país, tengo que reconocer que pasear por allí es una expriencia única por lo que se ve, el puesto de la carnicería como siempre el que más me impresiona, los cebúes y los carros, etc.

En la ciudad se suele visitar el Palacio de la Reina, el mercado de Analakeli y al mercado de artesanía. Para mí no son imprescindibles, pero es cuestión de gustos, puede que el mercado de Analakeli sea lo mejor, por el bullicio, la gente, pero cuidado con los robos y con confiar en cualquiera, que es el sitio ideal para que se aprovechen de un extranjero.

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Tráfico en Tana la capital del país

Desde Tana se puede hacer una excursión de un día a Analavory para ver sus sus géiseres. Es un lugar espectacular, el viaje es largo de unas tres o cuatro horas pero merece la pena. Son montañas de arcilla donde te puedes dar un baño, un masaje, hacer unas fotos chulísimas y afortunadamente todavía no parece muy turístico.

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Géiseres de Analavory

Andasibe, otra visita para ver lémures en los parques de alrededor, Mitsinjo y la estación forestal Analamazaotra. Aquí os recomiendo encarecidamente el alojamiento Eulophelia, a 8km del parque de Andasibe, tendréis que preguntar para llegar hasta allí, pero os va a merecer la pena. Es un jardín enorme en mitad de la selva, con bungalows preciosos de madera, donde organizan por la noche una salida para ver lémures y camaleones y otros animalejos del lugar.

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Camaleón

Yo creo que me sorprendía más la habilidad del guía para encontrar un minúsculo camaleón en la oscuridad que el hecho de ver el camaleón, yo no daba crédito, miraba más al guía que a la naturaleza… (broma). Esta visita es muy barata, unos dos euros solamente y es muy chulo pasear de noche por la selva. Luego te preparan una cena riquísima en un salón con chimenea que no puede ser más acogedor, hay juegos de mesa para acompañarlos de un ron y de esta manera, la noche se convierte en mágica. Me encantó ver los lémures nocturnos en las copas de los árboles, tantos ojitos brillando en la oscuridad, la verdad, que todo esto es realmente sobrecogedor.

Morondava, el paraíso en la costa oeste. Este lugar sin duda es especial, no os podéis ir del país sin pasar unos días en esta zona. No son las mejores playas, pero eso no importa, la gente es maravillosa, los alrededores dan para mucho y los atardeceres son de película y como estamos en el hemisferio sur, la Cruz del Sur está ahí arriba haciendo que todo sea perfecto.

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Atardecer en Morondava

Nunca olvidaré el contraste entre la zona centro del país y la costa oeste, esa llegada al atardecer a Morondava fue espectacular, el cambio del color marrón al color verde de los arrozales, los baobabs que decoraban todo el camino y la gente, esto me encantó, por fin vistiendo ropa tradicional, todos hombres, mujeres y niños con sus lambahoanys (se pronuncia /lambauan/), que son unas telas típicas de Madagascar que usan como falda o pareo, chal, vestido, cinturón, mantel, colcha o para apoyar en sus cabezas los cestos o incluso para hacer un chambao en el mercado. Siempre llevan unas palabras en malgache que son refranes o dichos como “la unión hace la fuerza” y otros parecidos. Nosotros compramos algunas lambahoanys en Morondava, muy bien de precio, recorred las calle principal y dejaos caer en cualquier tienda de telas, El Palacio del Lambahoany o cualquier otra, os vais a volver locos de las telas tan bonitas.

Cuando comencé el post dije que la razón por la que fui a Madagascar era para asistir a la boda de mis amigos Toñi y Bianco, precisamente fue Morondova, de donde es mi amigo Bianco, el lugar elegido para la boda. Nunca pensé que podría asistir a una boda malgache, qué divertida, qué forma de bailar, desde el principio los dj´s animaban la fiesta y todo el mundo a bailar. Me encanta esta foto de nosotras con los dj´s y los cuadros de los baobabs, todo tan auténtico.

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En la boda con los dj´s

Y es que los baobabs en esta zona son protagonistas porque muy cerca de Morondava está la conocida Avenida de los Baobabs que es un paseo larguísimo plagado de estos árboles. Y también no muy lejos están los famosos baobabs enamorados, cuyo tronco está enroscado. En el atardecer hay que ir a la Avenida de los Baobabs porque las fotos pueden ser mágicas. En cuanto a los baobabs enamorados, se puede aprovechar una visita al Parque Natural de Kirindy que coge de camino, una jungla llena de árboles (palisandro, ébano), y lo mejor de todo, lémures. En el parque hay unas cabañitas muy acogedoras, así que si vais con tiempo, hasta podéis pasar alguna noche allí.

Un paseo divertido puede ser el que atraviesa la calle principal de Morondava hasta la playa, la Rue de l’Independence. Pasaréis por Le Madabar, donde se puede picar algo rico o tomar un helado artesanal de coco, vainilla, etc., y veréis de todo, de nuevo, puro espectáculo, de color, de gente, de pousse pousse, de todo…

Parada obligatoria en el mercado de abastos, hay puestos de todo, pescado, carne, verduras, frutas, salsas, hasta de hierbas medicinales. En el mercado venden unas cestas de mimbre preciosas, buscadlas y si os cabe, comprad alguna que ya veréis qué bonitas.

También en esta calle está el restaurante de Mirelle que cocina comida malgache 100%, se llama Chiringuito Gargotte Krismi. Es de la prima de nuestros amigos y todos los días comimos lo que nos preparaba, riquísimo, gambas con coco, arroz, cebú y otros platos malgaches.

Si llegáis hasta la playa, merece la pena darse un paseo y ver las pirogues, las barcas de pescadores y charlar con ellos, les gusta que les hagan fotos y salen algunas tan bonitas como estas.

En Morondava hay que salir a bailar alguna noche, os lo vais a pasar genial con la gente allí, cómo bailan y lo que les gusta relacionarse con los extranjeros. Hay un sitio que bailar no se baila mucho, pero por las noches se está genial, Jean le Rasta, con música reggae y un ambiente estupendo, además de bebidas, también ofrece algo para picar.

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Jean le Rasta

También fuimos al hospital de Morondava, porque mis amigos no descartan una posible colaboración futura con ellos. Fue impresionante ver las instalaciones y escuchar las condiciones en que están los pacientes. Les entregamos todos los medicamentos que fuimos capaces de reunir entre el grupo que éramos. Os daré algunos datos escalofriantes, al menos para mí: es un hospital del estado pero no esta todo incluido, los pacientes aquí no tienen servicio ni de lavandería ni la comida incluida, si vas sin familia no hay quien te asista, razón por la que los enfermos tardan más tiempo en recuperarse, porque en algunos casos no tienen ni para comer un plato de arroz al día, algunas familias si tienen un cebú lo venden y con eso pagan la estancia de sus familiares, pero las familias que no tienen cebú, simplemente no tienen nada.

Nos contaban en la visita que cuando los pacientes empiezan a sentirse un poco mejor dejan de comprar medicinas porque son muy costosas y esto a veces tiene las peores consecuencias, la muerte. Nos dicen que en el laboratorio se cuentan de forma manual los glóbulos rojos y que necesitan urgentemente maquinaria como un electrocardiograma, espectrofotómetro, aspirador de mucosidad, autoclave para esterilizar y aparatos de laboratorio.

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Hospital en Morondava

Los árboles en Madagascar

Mis arboles preferidos son, por supuesto el baobab, que es una maravilla y no deja de impresionarme, pero también descubrí el árbol del viajero o ravinala, una especie de palmera que se dice que acumula el agua de lluvia y la filtra, así, al cortar el tronco sale agua potable para “el viajero”, además se dice que sus hojas tienen una orientación determinada y eso ayuda al que está desorientado, pero os prometo que lo comprobamos con la brújula y esto no es verdad… También me gusta la palmera salvaje, que tiene el tronco parecido al bambú y me encantó pasear por la selva y ver la madera de palisandro y ébano, nunca lo había visto. Lástima que no vimos la bois de rose, la madera rosa, que es una preciosidad.

Habrá que volver a Madagascar, nos quedó tanto por hacer, no vimos el Parque Nacional de Tsingy de Bemaraha, ni el de Isalo, tampoco las ballenas jorobadas en la costa este, pero sí vimos las pirogues en la costa oeste. Ya vendrán más Madagascares… Y seguro que todos son tan especiales como lo fue este.

Veloma, misaotra! (adiós y gracias)

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Pescador de Morondava

Lu
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Profesora de Turismo, autora de Estructura del Mercado Turístico (Editorial Paraninfo), socia de Andalucía Travel Bloggers, aficionada a la lingüística, a la gastronomía y a la navegación y ante todo, viajera.

Comentarios en este artículo

  1. Me encanta. Gracias por todo lo comentado. Prepara muy bien la experiencia

    Enrique
    • Gracias a ti Enrique por ser tan buen compañero de viaje.

      Lu
  2. Pero qué bonito te queda todo, Lourdes.
    Es por el mimo con que relatas toda la experiencia porque, aunque no ocultas nada sobre la realidad del país (ese nudo en la garganta me va a durar un rato), consigues aumentar nuestro deseo de conocerlo.
    Saludos.

    MLO

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